Donde pones tu atención pones tu intención.


Como conciencias, somos aquello que anima y da vida a la realidad. Todo lo que existe es sostenido por la conciencia, la conciencia es existencia y no hay existencia sin conciencia.

La realidad es observada y existe por ello, aquello a lo que prestas tu atención, es lo que existe y es sostenido, básicamente porque crees en ello y vive en tu mente, por tanto es manifestado por que así lo crees necesario.

Por lo tanto la manida frase de “creer es crear” tiene un sentido práctico, ya que la realidad que vives se sujeta en todo aquello que crees.

El tejido de lo que ves y tocas, de lo que sientes y experimentas, nace de la voluntad de la conciencia y su expresión/experimentación. La conciencia transforma la experiencia en conocimiento, y esa es su intención primaria. Ese conocimiento que aporta la experiencia, es el sustento que justifica la vida, y que entrama todo lo que existe.

Por lo tanto, es esa intención de crear una forma de experimentación, donde poder vivir, conocer, probar y errar, lo que muchos conocen como el juego de la vida, ya que en la intención de la conciencia no habita otro propósito.

La conciencia es todo y su intención es lo que da alma a todo lo vivo.

Como conciencias individuales olvidamos que somos ese todo primario, animados por la intención primaria. La individualidad nos da la oportunidad de experimentar la ilusión de desconexión, de tal modo que podremos llegar a creer que no fuimos nada antes de nacer, y no seremos  nada después de morir. (La ilusión de la ignorancia es solo una forma más de experimentar)

También como conciencias individuales usamos nuestra intención para vivir aquello que está en nuestro propósito, esto nos da la misma capacidad y poder que toda la conciencia universal, por lo tanto cada conciencia individual suma su intención, a la intención del resto de conciencias para crear un mismo escenario.

Todo lo que habita en tu mente es manifestado. La mente solo es la herramienta que la conciencia utiliza para crear y manifestar, el ego demarca la fracción de conciencia que manifiesta/experimenta en cada instante.

El ego solo es una parte de la ilusión que nace de la conciencia para poder sentir esa individualidad, esa desconexión.

Por lo tanto no somos uno, nunca lo fuimos, pero creemos que lo somos, y esa creencia es solo la primera.



Educar y cuidar nuestra forma de creer, es nuestra responsabilidad como  conciencias, ya que somos responsables de lo que experimentamos, no solo nosotros sino todos.

El sistema holográfico en el que se sustenta la ilusión (Matrix) recoge todos nuestros propósitos para manifestar aquello que la conciencia precisa, aquello que intenciona es lo que vive. Cuando se mezclan intenciones crea una experiencia promediada, por lo tanto aquello que llama nuestra atención será manifestado a través de nuestra intención.

Recordar que “lo que ves es lo que es” y “lo que crees es lo que creas” por muy sobado que parezca, nos ayuda a entender que somos los que tejemos la realidad, y que cuidar nuestras creencias puede ser una bendición o todo lo contrario.

Este sistema se cuida mucho de inculcar creencias, estamos programados para creer y solo nos libera, la ausencia de creencias, cuanto menos crees más libre eres, puesto que más experimentas y más conocimiento te otorgas.

La ilusión de la ignorancia, solo sirve para olvidar que ya lo tenemos todo, y para recordar solo debemos reencontrar el propósito primario por nosotros mismos. De nada sirven los guías o las experiencias ajenas, ya que la fracción de conciencia individual (ego) solo reconoce las experiencias propias, por tanto el conocimiento ajeno, es tomado como una simple sugerencia, que puede o no servir, que puede dar lugar a otro prueba/error.

Si no se vive, no existe, ya que no es observado, ya que no hay atención/intención. La mecánica es sencilla, aunque quizá para el neófito sea un galimatías sin sentido.

Somos océanos de creencias, todas distintas, todas propias. Unas nacen de nuestra inmadurez espiritual, otras son impuestas por intereses ajenos. Todas están ahí para ser superadas. Si no trasciendes tus creencias, tu conciencia no experimenta, no siente, no conoce y pierde su propósito existencial.

Creer forma parte de la ilusión de ignorar, de hecho toda creencia se sustenta en la ignorancia. Todo lo que crees es solo aquello que no conoces, no sabes, no experimentaste. Creer supone no avanzar, pero en cada avance nacen nuevas creencias, y estas solo existen para ser trascendidas.

En este camino, en el que despertamos de la ilusión de la ignorancia, empezamos a perder creencias y empezamos a entender la mentira y enfocamos nuestra intención en la verdad. Aun polarizados creemos que tenemos una misión, y enfocamos nuestra atención en propósitos divergentes.

Las creencias del  sistema (religión, ideología, nación, tradición…) dejan de cumplir su propósito, por lo tanto mandamos una divergencia que comienza a minar la manifestación colectiva o Matrix.

En este instante entender la matemática que dice, más divergencia, más cambio, hará que aquello que es recogido y promediado por la realidad colectiva, comience a resquebrajarse y se fuerce a la maquina a manifestar aquello que esa divergencia propone.

Si se enfoca nuestra intención en un propósito distinto al que marca el sistema, forzamos a que esa realidad se acabe manifestando. Esto quiere decir, que si creemos en sistemas de control tendremos sistemas de control, si creemos en arcontes, demiurgos, reptilianos, cabales, illuminatis, etc… estaremos pidiendo a gritos, que queremos una ración más de esto.

Si nuestra intención es la de ver nuestro mundo, nuestra realidad libre de todas estas conspiraciones, no se trata de ignorarlas, porque ya están manifestadas, sino de dejar de prestarles la atención que precisan para seguir perteneciendo al tejido de la realidad, que nosotros como fracción de conciencia aportamos como hilo al tejido.

Creer en su eliminación, para después trascender esa misma creencia, es la clave, para cambiar el sistema. Creer en una realidad distinta, usar la mente como herramienta, para crear en ella aquella utopía existencial que más anheles, es la mayor arma que posees para poner fin con todo aquello que identificas como el mal.

El mal, ya no cumple ningún propósito para la conciencia, el sufrimiento no es una forma útil de experimentación, al igual que el miedo. Superar y trascender todo esto es el siguiente paso como conciencias individuales.

Comprender esto, acelerara la forma en que tú, como conciencia, empieces a crecer y madurar espiritualmente, ya que es la asunción de responsabilidad cocreadora, el mayor vehículo consciente que existe.

Seguir los programas que nos inculcaron desde el sistema sus educadores, nos alejan tanto que terminamos por perder la conciencia, esa fracción pierde el interés, cuando se sigue el programa a rajatabla. Ese vehículo (cuerpo) queda a la deriva (portal orgánico) y es ocupado por parásitos y otras entidades.

Es muy habitual encontrar personas que cumplieron el programa, hicieron todo lo que se esperaba de ellos y no son felices, tienen depresión o ansiedad, viven perpetuamente medicados, y sienten sus vidas vacías y sin sentido. Este modo de vida, beneficia al sistema por supuesto, pero no aporta nada a la conciencia que termina por abandonar esta existencia vacía. 

La experiencia repetitiva, y sin propósito existencial es lo que nos hace sentir así, si no se rompe y se trasciende, si no hay un propósito de cambio, nuestra conciencia abandonara el barco, y solo seremos una cascara vacía hasta que al sistema deje de interesarles también nuestra propia existencia (nos volvemos potencialmente tóxicos y eso justifica que al sistema le interese que existamos). La enfermedad no es más que la advertencia de que debemos hacer algún cambio, o nuestra conciencia se reducirá hasta no quedar nada.

Por el contrario, recuperar nuestro propósito, trascender nuestras creencias y tratar de cambiar/mejorar como Ser, hará que gradualmente seamos más conscientes y por tanto hagamos crecer nuestra fracción de conciencia en el ego.

Un ego consciente es un ego que se integra en el todo, participa y manifiesta con un propósito (intención) basado en el bien común. El futuro será de aquellos que comiencen a ser conscientes de la importancia de manifestar el bien común como ego, en vez de manifestar la carencia y el egoísmo.

Al final la ausencia de conciencia, es la destrucción de la manifestación, es aquí donde reside la importancia de la atención que prestes, ya que tu voluntad y tú intención da ánima, a esa carestía y ese egoísmo imperante.

Fabrica en tu mente el bien común, y las herramientas necesarias para que este estado sea manifestado. Pon tu atención en este propósito, y estarás cambiando el mundo sin salir de tu casa.

No creer que sea posible es no crear la posibilidad, es no querer trascender aquello que ignoramos, es no vivir en conciencia.








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