Papiroflexia democrática.






Son muchas y variadas las posibilidades de ejercer la democracia. Como supuestos ciudadanos tendremos la opción “libre” de ejercer nuestro libre albedrío eligiendo a nuestro próximo jefe, mediante el inocente método del voto. Los principios democráticos que se gestaron de forma utópica en las mentes de los filósofos griegos, se han ido culminando unos cuantos miles de años después, hasta quedar medianamente asentados en la mayoría de los estados mundiales. Dejar claro, que aquel germen democrático que se gesto en la antigua Grecia, y la democracia que tenemos hoy en la mayoría de los estados, se parece lo que un huevo a una castaña.

Seria idóneo que la elección a través del ejercicio del voto fuera libre y meditada, que el posterior elegido fuera coherente y defendiera al menos, a aquellos que lo eligieron, que no existieran intereses corporativos, que los gestores de la democracia fueran neutros y que el dinero no fuera un condicionante a la hora de ejercer el poder democrático que fue depositado por el pueblo. Al margen de la pantomima electoral que se organiza, de los programas electorales que se usan como meras herramientas de marketing, que las ideas hayan quedado aparcadas, para crear unos partidos políticos que fabrican una imagen descaradamente hooligan, para que sus electores y afiliados se partan la cara por sus colores, mas que por la defensa de sus ideales, como digo, al margen de toda esta comedia barata, se obvia el hecho de que es el poder del individuo, el que es secuestrado a través de ese sistema de elección a través del voto. Con esto se provoca que las consecuencias de las tropelías deshumanizadas que comenten con nuestro poder, recaigan directamente sobre nosotros, o lo que es lo mismo, los efectos de la ley de causa y efecto, no recae sobre aquellos que crean y ejecutan esas políticas esperpénticas, sino que se notan directamente en las costillas de aquellos que decidieron jugar a la democracia con estos truhanes.





No es menos cierto que pecamos de ingenuidad y volvemos a cometer los mismos errores volviendo a confiar una y otra vez en el mismo truco de trilero, disfrazando la bolita de recuperación, pleno empleo, estado del bienestar, compromiso, cambio y un sinfín de recursos lingüísticos puestos a disposición de aquel que quiera y este dispuesto a ser engañado. Dan igual los términos que usen los actores aspirantes a calentar los bancos del congreso, ya que todos ellos siguen un guión al pie de la letra, un guión escrito por aquellos eslabones invisibles de la cadena que tiene al pueblo atado a los intereses de una minoría egoísta. Pensar que con el bonito termino democrático se iba a acabar con los defectos congénitos que arrastraron las monarquías y los regimenes dictatoriales, es de una ingenuidad increíble, pero la gente prefiere no pensar y vota a los nietos de los que ayer disfrutaron fusilando a tus abuelos, aquellos que en nombre de dios derramaron sangre inocente y que por la unión de la patria, descargaron su ira sobre las espaldas de un pueblo renqueante tras una guerra agendada.

La sangre al final es la misma, los mismos gobiernan, los mismos explotan, pero la democracia da esa falsa sensación de elección, es la simpática y democrática forma de elegir muerte y verdugo. Lo cotidiano en democracia es elegir la muerte lenta y dolorosa, permitiéndonos el lujo de que nuestro verdugo nos vacíe los bolsillos antes de que nos aseste el golpe de gracia, también permite excluirnos democráticamente del sistema o dejarnos varados, enfermos, sin recursos y endeudados, también todo muy democrático, siempre permitiéndonos elegir entre susto y muerte. No es menos democrático como este sistema reparte el hambre y la miseria, tiene un curioso gusto por excluir de su maniaca tendencia homicida a ciertas familias de clase alta, parece que no es solo cuestión de dinero, sino que el apellido tiene un peso especifico a la hora de dar y quitar de forma democrática todo el bien que el sistema tiene para con sus ciudadanos.

La democracia también trae una mutación lingual, para que la negrura de la conciencia del poder sea menos evidente, desde que somos democráticos los pobres son desfavorecidos, la explotación obrera se llama competitividad, los jefes ya no son jefes, son emprendedores, a las mafias se las llama lobbys, el esquirol ahora se hace llamar sindicalista, al vasallo se le llama ciudadano y a la imposición, consenso. No pretendo ir de listo, pero no hay que hacer mucho esfuerzo para echar un vistazo al pasado de cualquier país democrático y darse cuenta que la tendencia política no ha variado y simplemente han cambiado las caras y las etiquetas, da igual que sea monarquía, régimen dictatorial, revolucionario o democrático, todo es lo mismo y obedece a las mismas estrategias, unos pocos arriba y el resto viviendo miserablemente abajo, no hay que ser un doctor en ciencias políticas para darse cuenta de este juego maniqueo, donde hay un amplio catalogo de ideales, etiquetas, programas, ismos y mucha ingeniería social para el control de masas, por que al final es lo que somos, una masa ignorante y crédula.




Cualquier esfuerzo en demostrar que este sistema no esta corrupto desde el origen es un estúpido vía crucis sin sentido, aquel que se esfuerza por crear argumentos que refuten la defensa de esta desigualdad es, o un cobarde, o una sanguijuela que vive cómodo a costa de la miseria prójima, puede que exista cierto grado de estupidez, pero hasta un estúpido se acaba por dar cuenta del engaño. Un sistema corrupto es un sistema enfermo, la democracia tal y como la conocemos nació ya con metástasis, pero nos empeñamos en mantenerla enchufada y viva artificialmente, que darle una digna eutanasia. Compramos mesías salvadores de colores nazarenos, o nos ofrecen la naranja ciudadana de fascismo descafeinado, como alternativa, al otro lado, continúan los de siempre vendiéndote la misma moto que hace 40 años, pero como será, que después de tener las costillas doloridas por todos los palos que nos hemos llevado democráticamente, buscamos, comparamos y siempre compramos la misma mierda. 

Quizá aun tienes la convicción de que puedes cambiar el mundo, con el cómodo gesto de depositar una papeleta en una urna, no tengo nada en contra, gracias a la gente ilusa que vive alimentándose de la esperanza que estos carroñeros les insuflan, este sistema aun sigue vivito y coleando. Solo hay una forma de cambiar este sistema democrático y es no participando en él, con tu voto das autorización expresa para que te sigan sodomizando, si votas en blanco o nulo, es lo mismo, son votos a fin de cuentas, tuviste que tomarte la molestia en ir, identificarte y meter en la urna lo que sea, no contabiliza para los partidos, pero ese gesto inútil cuenta estadísticamente y por defecto estas participando en el juego. La abstención es el único modo de hacer que la democracia muera definitivamente y se pueda como mínimo acojonar a esos actorcillos que se hacen llamar políticos. Es una estupidez intentar cambiar el sistema desde dentro, es como intentar transformar la mierda en choco-crispis, la mierda es mierda y por mucho que la quieras transformar en otra cosa, al final acabas pringao y oliendo mal, más o menos como están todos los políticos y los que viven de los tejemanejes democráticos.

El corazón de este sistema late al ritmo del producir/consumir, somos esclavos que consumen lo que producen en un circulo vicioso, en el que es el propio esclavo el que hace las labores de mantenimiento y soporte al propio sistema. Un sistema que permite que la guerra sea un elemento de lo más normal, que mata inocentes para alimentar el conformismo y la fortuna de ser esclavo. La democracia evangeliza a través de la invasión y el secuestro de recursos, es el sistema ideal para el enajenado sueño capitalista del triunfo a base de pisar gaznates. La democracia mantiene la falsa sensación de libertad y seguridad, pero lo que el sistema te da, es algo que antes te quito. Para que todo este juego ilusorio funcione, deben afanarse en maquillar el régimen dictatorial opresor, colocando al menos dos facciones enfrentadas para crear el ambiente necesario y el clímax tras los comicios, que propiciaran la sensación de victoria en un bando, sobre el otro. 




Al elector al final le debe quedar la sensación de haber sido parte activa en la elección de su gobernante, debe quedar un vinculo por el cual si el gobierno que eligió no se comporta según los cánones mínimos de la ética moral, se sentirá parte responsable y durante el periodo legislativo, ese elector omitirá esgrimir protesta alguna o defenderá lo indefendible, con el fin de justificar lo injustificable. Al final de los que se trata es de que exista y persista la ilusión de que se elije a quien se erige, pero realmente quien gobierna lo hace según lo pactado entre los elementos de poder ocultos que son los que se alimentan del sistema.

Este sistema te permite seguir siendo un demócrata y encender la tele para mojar pan en la sangre de los niños muertos que aparecen en el informativo, salpimentar las bombas invasivas de las tropas de paz y aliñar después los brotes verdes de la recuperación económica. Como postre reírnos un poco con las tomas falsas que a menudo nos ofrecen nuestros mandatarios cuando abren la boca y eructan con elocuencia y levantarnos al día siguiente con la conciencia adormilada y el sentir de un ciudadano, que participa en las labores de gestión y gobierno de su nación, lo que se conoce como un borrego. Pero no es cuestión de etiquetar a aquellos que democráticamente eligen sentir en sus carnes los colores de su equipo, y llevarlo hasta las últimas consecuencias. La democracia es un deporte de masas y cada cierto tiempo hay competición, se despliegan los colores, los símbolos, las consignas y los cánticos, y a jugar como dios manda, eso es lo que saben y no conocen otra cosa, el delito esta en que nunca se plantearon una alternativa.

Democracia servida en puchero, alternancia simulada de poder, maquillaje barato de una vieja forma de descargar el látigo sobre la espalda del pueblo, cadenas de oro para el esclavo conformista, renovación de los votos sobre la explotación del pueblo a través de las urnas, eso es lo que llamamos democracia.


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